experimento carcel stanford

Cómo fue el experimento de la cárcel de Stanford

Rebeca Gómez Rebeca Gómez (Psicólog@)

13 mayo, 2022

Hoy vamos a hablar en el blog sobre un experimento clásico de la Psicología en general y más en concreto de la Psicología Social en particular; el conocido y tan interesante experimento de la cárcel de Stanford.

¿En qué consistió este experimento?, ¿por qué se hizo tan popular?, ¿qué aplicaciones podemos destacar a nivel práctico y qué conclusiones aprendimos de ello?

Quédate con nosotros en este artículo y continúa leyendo hasta el final.

¿En qué consistió?

Este experimento lo realizó un conocido psicólogo social de la Universidad de Stanford, llamado Philip Zimbardo, en la década de los 70, estudiando la relación entre comportamiento, roles y agresión. 

Zimbardo buscaba estudiar la influencia de un ambiente extremo, la vida en prisión, en las conductas desarrolladas por las personas según los roles sociales que desarrollaban: preso/a y guardia.

El experimento buscaba ver si el comportamiento habitual de una persona podía modificarse ante un cambio radical de ambiente y si también cambiaba al obtener un nuevo rol a representar en ese ambiente. 

Para ello convocó a jóvenes estudiantes universitarios/as de Psicología y los dividió al azar y de manera aleatoria en dos grupos:

  • unos representaban el rol de guardias y policías
  • y otros, el rol de reos y convictos, que tenían que convivir en una celda ficticia ambientada en los laboratorios de Psicología de dicha Universidad. 

Los jóvenes reos fueron “arrestados” sin previo aviso y llevados a esta prisión donde los esperaban sus “compañeros” policías, quienes habían recibido porras y vestían uniformes militares, además de portar gafas de espejo que impiden el contacto visual. 

Todo el experimento estuvo monitorizado por cámaras.

Otra de las claves de este experimento estuvo en el propio Zimbardo, jefe del experimento, que dirigía la investigación y adoptó el rol de "superintendente" o alcaide de la prisión.

Entre sus funciones dentro de su rol de trabajo de “superintendente” estaban las de mantener a raya la creciente violencia y las demostraciones arbitrarias de poder de los guardias, en lugar de exigir reacciones cada vez más extremas de los participantes; es importante resaltar que Zimbardo nunca dio pautas de proponer ningún mal comportamiento al grupo de policías, carceleros y guardias y también recordar que no había ningún premio, ni recompensa final.

La idea era “jugar”, interpretar y recrear el escenario de la prisión, nada más.

Por ejemplo, el segundo día del experimento un grupo de presos se rebeló contra las normas coercitivas y las restricciones de la situación. Zimbardo les dijo a los guardias que tenían que manejar este sorprendente giro de los acontecimientos por su cuenta.

Todo esto le permitió confirmar el poder de la situación y no tanto de los líderes para cambiar el comportamiento de las personas.

¿Qué pasó?

Las cosas no salieron como se habían previsto y es que a medida que avanzó el experimento la situación se descontroló y es que estaba planificado para una duración de dos semanas.

Pero Zimbardo tuvo que detenerlo y cancelarlo a los 6 días desde su inicio, como consecuencia de los abusos que empezaban a cometer los “sádicos” guardias, que trataban de forma humillante (negando la comida, ir al baño, haciendo dormir en el suelo, infravalorando, insultos, maltrato psicológico, abuso de poder, violencia física…) al grupo de reos y al notar los niveles de estrés y afectación emocional que mostraban los presos.

De manera progresiva y poco a poco, hasta el mejor de los personajes del grupo de los carceleros se convirtió en una persona violenta, con pérdida de empatía.

Conclusiones y Aplicaciones Prácticas

  • Se ha llegado a decir que este experimento constató el poder situacional y la importancia que tiene el entorno, que implica la ambigüedad de los límites de los roles, el permiso autoritario o institucionalizado para comportarse de formas prescritas o para realizar acciones que normalmente estarían limitadas por las leyes, las normas, la moral y la ética. Dicho de otra forma, se supone que fue la situación la que provocó la conducta de los participantes y no sus personalidades individuales. Por lo que la situación, el contexto y el ambiente provocaron los cambios en el comportamiento de los participantes.
  • Aparte de esa conclusión de que la obediencia se consigue cuando hay un marco ideológico legitimador y sobre todo, apoyo institucional, si ponemos el foco positivo, podemos concluir que hay algo muy importante y muy humano, que es la perspectiva y la distancia.

Esta conclusión podemos extraerla de las observaciones de otra participante del experimento que fue la única persona que cuestionó la moralidad de lo que estaban haciendo, Christina Maslach, una chica recién graduada en su doctorado, que presentó la perspectiva de una "extraña", testigo de las inimaginables transformaciones del carácter de los participantes (y de ella misma) y que desafió heroicamente a la autoridad para poner fin al estudio. Ella les recordó su responsabilidad ética por las consecuencias y el bienestar de los jóvenes que se les habían confiado como participantes en la investigación.  

En palabras de la propia Maslach: “A diferencia de todos los demás, yo no había participado con consentimiento cuando se inició el estudio y no había vivido sus poderosos acontecimientos desde el principio. A diferencia de todos los demás, yo no tenía un papel socialmente definido en ese contexto carcelario. A diferencia de los demás, no estaba allí todos los días, dejándome llevar por la situación que cambiaba y se agravaba poco a poco. Por lo tanto, la situación en la que entré al final de la semana no era realmente "la misma" que la de los demás”. 

Es decir, ¡carecía de su historia, lugar y perspectiva! 

Para cada uno de los distribuidos en los grupos, la situación se interpretó como si todavía estuvieran dentro del rango de la normalidad, mientras que para ella, no. A ella le pareció una casa de locos.

La distancia le permitió tener perspectiva y poder cuestionar lo que estaba pasando y tomar decisiones al respecto. 

  • El experimento muestra que algunas situaciones pueden ejercer poderosas influencias sobre las personas, haciendo que se comporten de formas que no podrían predecir de antemano. La situación influye en la conducta humana y poner a personas buenas en un lugar malo las hace actuar mal o resignarse a ser maltratadas, también denominado "Efecto Lucifer".

Y es que esto nos pasa todos los días, en la vida cotidiana nos comportamos de diferente manera según el rol que tengamos en un contexto o situación: en casa como madre/padre, en la oficina como trabajador/a, en una fiesta con amigos…

Lee este ejemplo y piensa si te es familiar: a una persona que nos conozca sólo en el contexto laboral, puede extrañarle nuestro comportamiento en una fiesta, porque se ha formado una idea de nuestra personalidad basada únicamente en un sólo contexto. 

  •  Quizá los líderes no tengan tanta influencia como a veces se cree. Al menos la situación va a condicionar mucho su influencia. Esto tiene que ver con el rol que jugó el propio Zimbardo, quien durante el experimento actuó como el "superintendente" de la cárcel y habría aconsejado y alentado la actuación de los "guardias". 
  • Podemos evitar estas situaciones o, al menos, esos extremos indeseables, poniendo en juego algunas fortalezas como la valentía, la honestidad, la equidad o la perspectiva, que nos permitan incluso dudar de la moralidad de un experimento, como hizo aquella participante y, al menos, nos permitan empatizar y ser más compasivos/as y amables con las demás personas, entendiendo que en cualquier momento podemos estar en el otro lado. 

Si te ha gustado conocer este experimento y sus conclusiones, no dejes de escuchar nuestro podcast #139 en el que profundizamos un poquito más sobre él.

Fuentes de datos:

  • de los Heros, M. M. A. (2019). Grandes experimentos en Psicología: aportes a la teoría ya la práctica. Revista de Investigación Garcilaso, 1(2), 19-30.
  • Zimbardo, P. G., Maslach, C., & Haney, C. (1999). Reflections on the Stanford prison experiment: Genesis, transformations, consequences. In Obedience to authority (pp. 207-252). Psychology Press.
  • Darley, J. M., & Batson, C. D. (1973). "From Jerusalem to Jericho": A study of situational and dispositional variables in helping behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 27(1), 100–108

Rebeca Gómez
Rebeca Gómez

Licenciada en Psicología. Máster en Psicología Positiva. Psicóloga del Equipo Técnico en Juzgado de Menores del Ministerio de Justicia. Psicóloga y Docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

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