El miedo

El miedo: Qué es y cómo gestionarlo

Aroa Ruiz Aroa Ruiz (Psicólog@)

3 noviembre, 2022

Hoy ponemos sobre la mesa un tema con el que estamos familiarizados: el miedo.

Todos podemos reaccionar de distintas formas ante el miedo. Podemos querer salir corriendo, ponernos a la defensiva o paralizarnos por completo en función del estímulo que nos esté generando esa sensación, pero ¿por qué tendemos a actuar de esta forma ante este sentimiento?

Hoy vamos a conocer un poco más sobre este sentimiento, cómo gestionarlo y cómo puede sernos útil ante ciertas situaciones.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción básica, primaria y universal que todos podemos sentir en cualquier punto de nuestra vida y que está relacionada con nuestro instinto de supervivencia.

Se trata de un estado emocional que en muchas ocasiones nos lleva a pensar en aquello que nos causa temor y a generar posibles respuestas que se anticipen a lo que podría ocurrirnos si nos enfrentamos a ello.

El miedo nos genera una sensación de malestar que incluso puede llegar a hacernos sentir indefensos; sin embargo, por muy contradictorio que suene, en muchas ocasiones tendemos a buscar este sentimiento en estímulos externos, como cuando hacemos deportes extremos o cuando vemos una película de terror.

Esto puede darse por la constante necesidad de buscar estímulos nuevos o el deseo de vivir experiencias intensas. Sentir miedo hace que nuestro organismo libere dopamina y adrenalina, dos hormonas que nos llevan a experimentar un momento de euforia.

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Tipos de miedo

Como ocurre con el resto de emociones, podemos experimentar el miedo en distintos niveles. En esta oportunidad, quiero destacar dos estados fundamentales:

  • Miedo funcional o adaptativo: lo podemos experimentar de forma repentina ante un estímulo externo que puede suponer un peligro para nosotros. Sirve para alertarnos ante una amenaza y prepararnos para sobrevivir ante ella.
  • Miedo disfuncional o desadaptativo: no surge de un peligro que esté presente en el momento, sino que se basa en la dificultad de afrontar ciertas situaciones por un miedo que aprendimos en alguna experiencia previa. Esto puede bloquearnos de tal forma que nos impide ponernos a salvo. El miedo disfuncional también se considera como tal cuando la respuesta emocional es desproporcionada ante el nivel del estímulo que podamos estar viviendo.

¿Es malo sentir miedo?

En muchas ocasiones, pareciera que sentir miedo es algo negativo; sin embargo, esta creencia no es del todo cierta.

Les comenté anteriormente que esta emoción está vinculada a nuestro instinto de supervivencia, y es aquí donde juega un papel fundamental para que seamos precavidos ante las situaciones que pueden suponer un peligro para nosotros.

Imaginemos que vamos caminando por una calle y, repentinamente, vemos que otra persona comienza a tomar una actitud violenta a pocos metros de nosotros. En ese momento, el miedo toma un valor adaptativo: nos hace percibir la situación de peligro con antelación para prepararnos para la huida o para defendernos.

Es en este caso cuando el miedo juega un papel crucial para nuestra existencia. Si no llegamos a sentirlo en el momento en el que estamos caminando por la acera y nos acercamos a la persona violenta, podríamos poner en riesgo nuestra integridad física.

Pero, ¿es siempre bueno sentir miedo? La respuesta es un no. El miedo puede dejar de ser útil si se convierte en un miedo disfuncional.

En el momento que podamos sentir miedo ante situaciones inofensivas que nos hagan recordar experiencias traumáticas del pasado, o que nos paralicemos completamente ante estímulos que no representan un peligro real, el miedo pasará de ser un mecanismo de autodefensa a convertirse en un problema que nos impida desarrollarnos en nuestro día a día.

Es en este tipo de situaciones cuando un profesional de la psicología sanitaria debería tratar el malestar.

¿Cómo gestionar el miedo?

Saber gestionar el miedo es fundamental para poder desarrollarnos en nuestro día a día.

Lo primero que debemos hacer es identificar la emoción y aceptar que está ahí. De nada nos sirve negarlo o tratar de evitarlo, al contrario, hablar de ello bien sea con un ser querido o con un experto puede ser la clave para tranquilizarnos sobre un tema.

En cualquier caso, desarrollar la inteligencia emocional es importante para poder gestionarlo ¿Pero qué tiene que ver?

El miedo y la inteligencia emocional

Como mencionamos en un artículo previo, la inteligencia emocional es la capacidad que tenemos para reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, entenderlos y utilizarlos a nuestro favor.

Existen un conjunto de estrategias eficaces, funcionales y adaptativas que nos pueden ayudar a afrontar el miedo desde la inteligencia emocional:

  • Controlar el entorno: es importante saber qué tenemos a nuestro alrededor para evaluar si es necesario preocuparnos o no. Como cuando estamos a oscuras en una habitación y vemos una silueta que nos da miedo: inmediatamente encendemos una luz que nos permita distinguir la forma y determinar si debemos preocuparnos o no.
  • Reflexión previa a la acción: esto es útil tanto para las personas extremadamente temerosas como para las más temerarias. Es necesario asimilar qué tenemos frente a nosotros para saber cómo actuar. Un ejemplo de este caso es cuando estamos bajando unas escaleras y se nos ocurre saltar para ahorrarnos esos últimos cuatro escalones: ¿Qué probabilidades hay de que el salto salga mal? ¿Vale la pena intentarlo? Hay que analizarlo para saber si sería una acción prudente o no.
  • Conocer el origen de la emoción: se trata de saber identificar el origen de aquellas emociones que puedan bloquearnos en ciertos momentos. Un caso de este tipo podría ser, por ejemplo, tener miedo a freír comida y saber que se tiene ese temor porque en una experiencia previa nos llegamos a quemar con el aceite.
  • Evitación: es la posibilidad de evadir aquellas situaciones o estímulos que nos producen miedo por suponer un peligro. Por ejemplo, si consideras que saltar desde un avión con paracaídas sería algo que pondría tu vida en peligro y te genera miedo y preocupación, lo prudente sería evitarlo.

Hay claves para desarrollar la inteligencia emocional, por lo que es una habilidad que podemos entrenar; sin embargo, la ayuda de un experto siempre cae como anillo al dedo para poder hacerlo de forma acertada.

Solicita una orientación sin compromiso a través de nuestra web: podrás hablar de forma presencial y online con un psicólogo que aclarará todas las dudas que puedas tener y te ayude a establecer un plan de acción.

Para saber un poco más sobre el miedo, puedes escuchar nuestro Podcast “Me caracteriza… el miedo”, con el que aprenderás un poco más de este sentimiento y las dimensiones que puede tener.

Si quieres trabajar en esta área o profundizar tus conocimientos en el manejo de las emociones, puedes echarle un vistazo al Título Experto en Psicología Positiva que tenemos preparado para ti.

Aroa Ruiz
Aroa Ruiz

Licenciada en Psicología, Máster en Coaching e Inteligencia Emocional e Instructora de Mindfulness. Psicóloga, Coach y Docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

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