Prejuicios: si no me conoces, ¿por qué me juzgas? No todas las rubias son tontas.

IEPP IEPP (Psicó[email protected])

20 noviembre, 2020

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”

Albert Einstein

Definición

Para dejar claro qué es un prejuicio nos quedamos con la definición de la RAE que consideramos súper acertada y sencilla de entender y que nos dice:

El prejuicio es una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal. Juicio anticipado.

Esto es, se trata de esa afirmación, enunciado, expresión común, juicio y opinión que tenemos de algo o que hacemos de alguien sin saber, sin conocer, sin profundizar y que se basa en la ignorancia y nunca en los hechos comprobados y contrastados.

Origen: ¿cómo se forman?

Los prejuicios llegan a nosotros sin apenas darnos cuenta, los aprendemos y los vamos integrando por lo que observamos y escuchamos desde bien pequeñitos en casa, en el colegio, cuando estamos con nuestros [email protected], por lo que dicen en la televisión… su origen es la consecuencia de la suma de todo ello.

Atendiendo a esto, cuan de importante y primordial es el papel de la familia y de los profesores en la educación y en la no formación de esos prejuicios. Ambos han de hacer un esfuerzo extra para promover una mente abierta en el pequeñ@, un pensamiento independiente, flexible, amplio y de integración hacia el prójimo, independientemente de nuestras diferencias individuales.

Desde la psicología social se han elaborado muchas teorías para poder dar explicación a cómo se forman y poner algo de luz en todo lo relacionado con ellos: teoría del prejuicio directo intergrupal, teoría del rol del aprendizaje social, teoría de la categorización social… etc.

Lo que sí está claro tras tanta teoría son dos cosas, una es que el prejuicio en casi todos los casos, suele tener consecuencias negativas y la otra es que es muy difícil poder cambiar o modificar el prejuicio una vez que la persona ya lo ha asumido como tal.

De esta manera, podemos decir que el prejuicio es resistente al cambio, y pasa incluso cuando la persona cuenta con datos contrastados y/o pruebas que apunten en otra dirección, da igual, el prejuicio al ser anterior a la razón, quedará enquistado.

Para terminar de entender el término, os dejo el texto que describe un ejemplo de caso real: “Cuando yo era pequeña y paseaba con mi madre por el río, ella tenía cuidado en señalarme las ocasiones en las que encontrábamos una determinada planta que identificaba como «ortiga », y me decía: «Ten cuidado, si la tocas, te llenarás de granos». De esta forma tan sencilla yo adquirí un prejuicio sobre esta planta, es decir una idea que adquirí de mi madre como buena sin atrever a experimentarla por mí misma. Jamás he estudiado la botánica suficiente como para saber si la planta que yo identifico como ortiga produce siempre la reacción que predecía mi madre. Tampoco he tocado nunca una ortiga conscientemente. Pero cuando yo he paseado con mi hijo por el río, también le he trasmitido la misma idea; así que, se podría decir que la idea sobre las ortigas que estaba en la cabeza de mi madre ha pasado a la cabeza de mi hijo (y quién sabe si el proceso empezó mucho antes de mi madre y si continuará después de mi hijo), sin que yo la haya transformado en absoluto y sin siquiera haber experimentado personalmente con ella”.

(Fuente: Margarita del Olmo. Prejuicios y estereotipos: un replanteamiento de su uso y utilidad como mecanismos sociales).

Pensamientos y expresiones comunes

Prejuicios hay muchísimos, tantos casi como nos podamos imaginar, pero la mayoría de ellos los podemos agrupar por temas, vamos a detallar a continuación los más comunes, frecuentes y  habituales:

  • Prejuicios de género. Hacemos valoraciones de la persona en función de su género biológico, ya sea hombre o mujer, por ejemplo, las mujeres conducen peor que los hombres, los hombres nunca lloran, las mujeres no entienden bien los mapas…
  • Prejuicios de apariencia. Nos guiamos por la imagen, la apariencia y el aspecto físico de la persona, por ejemplo, todas las rubias son tontas, los gordos siempre son simpáticos...
  • Prejuicios profesionales. Juzgamos a la persona basándonos en el sector en el que trabaja, lo prejuzgamos según su colectivo profesional, por ejemplo, todos los peluqueros son gays, todos los políticos son corruptos…
  • Prejuicios raciales. Basamos nuestras apreciaciones según los rasgos fenotípicos de la persona y su color de piel, atribuyéndoles determinadas características mentales, físicas o culturales. Por ejemplo, todos los negros cantan bien, todos los orientales son fríos… 
  • Prejuicios de clase. Opinamos y atribuimos a los individuos de las distintas clases sociales alguna característica ética, moral o conductual específica, a menudo derivando hacia el clasismo. Por ejemplo, todos los ricos son pijos, todos los pobres son delincuentes…

¿Cómo luchar contra ellos?

Pon en prácticas estas pautas que nos pueden ayudar a luchar contra los prejuicios.  

  • Viaja, lee, infórmate, aprende, conoce las diferentes culturas. Cuánto más mundo conozcas, mejor lo comprenderás.
  • Piensa, reflexiona, sé racional. No te dejes llevar únicamente por los impulsos y por las emociones para elaborar tus juicios y opiniones. 
  • Utiliza la empatía. Ponte en el lugar del otro. Intenta entender lo que sienten, lo que piensan y comprender al prójimo desde su piel y desde sus ojos.
  • Se una persona justa, legal, honrada y respetuosa. No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. 
  • Piensa de manera independiente y autónoma y utilizando tu propio criterio. No te dejes arrastrar por las masas y por los grupos.
  • Pon en práctica y dale uso a la fortaleza del humor. No seas tan dramá[email protected] y ríete de las falsedades y de las exageraciones.
  • Piensa que nunca hay dos personas iguales, todos somos diferentes.

Caer en los prejuicios es inevitable, no te culpes por ello, y es que la mayoría de las veces no somos conscientes, ni nos damos cuenta de que nos acompañan cada día, pero sí podemos esforzarnos en tratar de cambiarlos cuando nos hemos dado cuenta y de esta manera intentar aprender de los errores de cara al futuro. ¡Vamos!

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