Qué es el Perdón

A todos nos han hecho daño alguna vez a lo largo de nuestra vida. Insultos en el patio del colegio, malas contestaciones de compañeros de trabajo, decepciones de amigos, infidelidades… La lista de ofensas y agravios puede ser tan larga como queramos. Es normal que ante estas situaciones nos enfadamos, nos sintamos heridos e incluso desarrollemos sentimientos odio hacia el otro. Sin embargo, si no trabajamos sobre estas emociones pueden enquistarse y acumularse, generando una colección de “espinitas clavadas” que me limitan en el momento presente y condicionan mis relaciones personales. Para poder disolver las consecuencias emocionales de estas situaciones os proponemos adentrarnos en el concepto de perdón.

Según Reed y Enright (2006), perdonar es la acción de desplazar las actitudes o emociones negativas, como la ira y la venganza, hacia situaciones o personas perjudiciales, para dejar paso a actitudes como la compasión y la tolerancia.

Como sugiere esta definición, el perdón es una forma de manejar el enfado o la ira cuando alguien produce un perjuicio en nuestros derechos e intereses. Estas emociones tienen una función protectora y nos ayudan a defender nuestros límites y nuestra integridad. Sin embargo, en ocasiones pueden enquistarse produciendo sentimientos más complejos como el rencor o el odio. El perdón tiene una función transformadora y nos ayuda a dejar ir los sentimientos negativos para permitir la aparición de otros sentimientos, que pueden ser positivos o neutros.


En otro estudio Maltby, Macaskil y Day (2001) reflexionan sobre qué es el perdón y lo conceptualizan como un intento saludable de hacer frente a los resultados negativos causados ​​por los agravios de otras personas o por comportamientos incorrectos por parte de uno mismo.

El valor del perdón

En los últimos años, la psicología positiva ha estudiado la relación existente entre el perdón el bienestar o la felicidad de una persona, descubriendo una relación positiva entre perdonar y la satisfacción con la vida (Thompson, Snyder, Hoffman, Michael, Asmussen y Billings, 2005). Esta relación puede explicarse a partir de dos mecanismos:

  1. En la medida en la que abandonamos los sentimientos negativos como la ira, la irritación, la venganza o la culpa causados ​​por cualquier motivo, y convertimos estos sentimientos en una actitud de perdón hacia quien nos ha generado un agravio, experimentaremos un balance entre las emociones positivas y negativas. Perdonar ayuda a generar un nuevo significado de la situación de agravio, lo cual incrementa nuestra sensación de bienestar, e incluso nos ayuda prevenir problemas psicológicos.
  2. Las expresiones de perdón sirven para reparar y mejorar las relaciones interpersonales, aunque no por ello el perdón siempre deba implicar una reconciliación. Los incidentes derivados de las transgresiones suelen crear una deuda interpersonal, produciendo emociones, cogniciones y comportamientos negativos que afectan a nuestra forma de relacionarnos con el otro.

El significado del perdón y su terapia

Perdonar significa entender que hay otras opciones diferentes a mantener el resentimiento y dolor que nos provoca el daño causado. Mediante el perdón, las personas reducen las respuestas negativas hacia sus transgresores, encontrándose más motivadas a mostrar comportamientos positivos en su lugar. Pero perdonar no es negar ni olvidar, no hay que minimizar o excusar la falta.

Es importante que tengamos en cuenta que perdonar no significa necesariamente retomar la relación con la persona que nos ha dañado, sino estar dispuestos gestionar las emociones que nos mantienen atrapados en situaciones del pasado. Es un proceso difícil que nos llevará un tiempo, en el que la empatía actuará como facilitador.

Un proceso de 5 Pasos

  1. Negación: En ocasiones no somos capaces de ser conscientes de ese dolor que hemos sentido, y miramos hacia otro lado, negamos ese dolor.
  2. Enfado/Ira: Cuando tomamos conciencia del daño podemos pasar a un estado de enfado o ira. Al fin y al cabo sentimos que nuestros límites han sido transgredidos y la forma que nuestro organismo tiene para darnos aviso es “enfadarnos”. En esta fase pueden surgir deseos de venganza, agresividad, hostilidad, que dan mucha energía pero no nos alivian a largo plazo.
  3. Toma de decisión/negociación: Todo lo que hemos hecho hasta ahora es insuficiente, no conseguimos liberarnos de esta sensación: “Esto no funciona, tengo que hacer algo diferente”.
  4. Tristeza/depresión: Nos dejamos sentir todas las emociones que ese suceso han despertado, asumir las consecuencias, lo que supuso para nosotros.
  5. Aceptación: Estamos listos para soltar esas emociones, ya no nos “pesan”.

El mayor beneficio del perdón es la liberación, es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. No liberamos al otro, nos liberamos del resentimiento, de ese “hacer presente” el pasado, de revivir una y otra vez el dolor del pasado.

Variables que influyen en la capacidad de perdonar.

Algunos de los elementos que se relacionan con una mayor o menor probabilidad de perdonar se encuentran a continuación:

  • Severidad o gravedad de la transgresión: La probabilidad de perdón es inversamente proporcional a la gravedad que para cada uno suponga el agravio (Waldron y Kelley, 2005).
  • Emociones negativas: En una investigación realizada por Merolla en 2008 se observó que la presencia de emociones negativas como el dolor, enfado y tristeza hacen menos probable la probabilidad de conceder perdón.
  • Empatía: La empatía ha sido relacionada directamente con el perdón, siendo necesario cultivarla para poder dejar ir el dolor. Podemos generar empatía teniendo en cuenta el contexto y la situación que pudo llevar a la otra persona a actuar de esa manera. Por ejemplo: Una persona que ha robado comida en una tienda, quizás pueda encontrarse en una situación desesperada en la que no ha encontrado otra solución.
  • Dependencia: La dependencia emocional también parece estar relacionada con una mayor capacidad de perdonar. La persona dependiente teme las consecuencias de un conflicto explícito con la otra persona, ya que necesita de forma continuada su presencia y aprobación, respondiendo con una mayor probabilidad de perdón ante una transgresión.

Para finalizar citaremos a Martin Seligman, padre de la psicología positiva, que nos acerca al perdón a través de las siguientes palabras:

“No puedes hacer daño al culpable no perdonando, pero puedes liberarte perdonándolo”.

Podcast: Perdono pero no Olvido

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