controlar la impulsividad

¡Soy impulsivo! ¿Tengo solución?

Categoría: Desarrollo Personal

Definición

La impulsividad se caracteriza por ser una tendencia a comenzar o continuar una conducta sin tener en cuenta las consecuencias que los actos o palabras pueden ocasionar, tanto para uno mismo y/o como para los demás. Así se sigue el impulso y no se piensan o analizan las variables implicadas en el acto.

Considerando el autocontrol como una de las fortalezas personales que facilita la regulación de impulsos, es preciso destacar que ya desde la infancia es muy recomendable fomentarlo de diversas maneras con los más pequeños de la casa. Sin embargo, ya de adultos, podemos seguir aprendiendo estrategias efectivas cuando quizá la educación, circunstancias o incluso nuestra genética (aspectos hormonales, endocrinos, sistema nervioso…) no nos predisponga a hacer un uso adecuado de nuestros impulsos y apetencias.

Así, si imaginamos una línea que va desde el autocontrol extremo a la impulsividad descontrolada, es posible encontrar estrategias y técnicas para equilibrar mucho más este rasgo o tendencia, para que se convierta en nuestro aliado.

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Ahora bien, ¿te funciona, o detectas que la ser una persona impulsiva no te lleva al resultado deseado? Si en general te sientes bien con ello, ¡Enhorabuena! Para qué cambiar algo que funciona. Si, en caso contrario, aún percibes que necesitas trabajar un poquito más con ello, entonces… ¡valora tu estrategia y cambia si es necesario!

Desde la Programación Neurolinguista, el modelo POPS (Prueba-Operación-Prueba-Salida) desarrollado por Bandler y Grinder trabaja con la propuesta de “si no obtengo el resultado que deseo, entonces pruebo con otra acción”. Así, el modelo se centra en una serie de pasos a la hora de marcarnos estrategias efectivas, siguiendo la siguiente estructura de forma simplificada:

  1. Prueba: Compara el estado actual y el deseado. (Define para ello cuáles son ambos estados)
  2. Opera: realiza las actividades o pasos necesarios para acercarte al objetivo.
  3. Prueba: vuelve a comparar el estado deseado.
  4. Salida: cuando ha alcanzado el objetivo o hay otro indicador que te hace darla por terminada.

Importante, añade flexibilidad. Estas practicando y generando cambios. Si no estás obteniendo el resultado deseado, da un paso atrás y reformula los pasos u objetivos. ¡Recuerda no hay una única posibilidad, ni la perfecta! Disfruta con los cambios y aprendizajes obtenidos aun cuando el resultado no sea el deseado en su totalidad. ¡Estás intentándolo, estás en el camino!

Cómo controlar la impulsividad

Complementariamente puede ser recomendable tener en cuenta algunas cuestiones para el manejo de la impulsividad:

  • Meditación. Meditar 15 minutos al día puede favorecer, entre otros aspectos, la toma de consciencia del momento presente, así como favorecer el estado de calma mental y física donde reina una mayor aceptación de lo que sucede, sin oposición o resistencia constante.
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  • Conoce tu estado interno. En muchas ocasiones la cantidad de estímulos externos a los que estamos sometidos, ya sean demandas del ambiente, falta de tiempo y otros factores, entorpecen y dificultan la introspección o el propio autoconocimiento. Prestar atención al estado interno es un paso fundamental para promover el autocontrol. Toma consciencia de tus emociones en diferentes momentos del día.
  • Aprende a relajarte. Conocer estrategias que favorecen la calma física y mental son aliados fundamentales en la regulación de impulsos. Si estamos estresados es mucho más fácil responder de manera desproporcionada ante estímulos cotidianos, volviéndose día a día más estresantes y, por consiguiente, aumentado las probabilidades de conductas impulsivas desajustadas al entorno y para con uno mismo.
  • Cuida la alimentación y disminuye las bebidas que contengan cafeína o estimulantes. SI bien es cierto que en ocasiones los estimulantes ayudan a aumentar la concentración y atención, dosis elevadas mantienen al sistema nervioso sobreactivado, entorpeciendo el sueño y provocando la fatiga diaria, entre otros aspectos, generando una espiral viciosa negativa que se retroalimenta en sí misma, siendo cada vez necesaria más y más dosis de excitante para estar en “sintonía”.

  • Para, piensa y actúa. Contar hasta diez antes de responder puede ser una buena estrategia para dar tiempo y pensar antes de responder. ¡Date tu tiempo!
  • Identificar pensamientos que desencadenen estallidos de rabia o emociones intensas adversas. En ocasiones, tomar perspectiva del problema o asunto y valorar otras posibilidades ayuda a salir de la espiral viciosa negativa.
  • Gestión de emociones de forma inteligente. Aprender a percibir, conocer y regular las emociones, aplicando nuevas herramientas y estrategias de Inteligencia Emocional, es un indicador de éxito en diferentes ámbitos (personal, profesional, etc…)

Por ello y mucho más, nuestra labor en terapia y coaching positivo consiste precisamente en promover y facilitar esas herramientas y cambios para aquellas personas que, o bien perciben esta tendencia cómo algo limitador o perturbador, con afectación en diferentes áreas vitales, o bien desean fijarse objetivos en sus vidas más saludables para potenciar su bienestar.

Si tu impulso te dice que necesitas un cambio o ayuda recuerda que no siempre la impulsividad es negativa. En ocasiones esa  “impulsividad positiva” parte de aprendizajes adquiridos, intuición valiosa que habla de ti, de experiencias, sensaciones… cualidades y matices sin lugar a dudas que aportan una gran sabiduría a tener en cuenta.

Aroa Ruiz
Aroa Ruiz

Licenciada en Psicología, Máster en Coaching e Inteligencia Emocional e Instructora de Mindfulness. Psicóloga, Coach y Docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

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