El psicópata, ¿nace o se hace?...

Sonia Castro Sonia Castro (Psicó[email protected])

30 agosto, 2021

“¿Han dejado ya de llorar los corderos, Clarice?”

Hannibal Lecter. El silencio de los corderos.

Novelas como “American Psycho”, “El silencio de los corderos” o “El Psicoanalista” para mí son adictivas y es que el lado más oscuro de la mente y su relación con la ausencia o no de emociones es un tema que desde bien pequeña me ha enloquecido.

Hablar y escribir sobre la mente psicopática creo que era necesario en nuestro blog y justo por ello mi memoria de nuevo se remonta a mis años de Universidad, en concreto vuelvo a mis fascinantes clases de Criminología en mi último año de carrera: ¡apasionante!

Qué es  

Lo primero que hay que explicar es qué entendemos hoy en día por psicópata, su significado y es que este término con el paso del tiempo ha tenido diversas explicaciones.

En la actualidad una persona psicópata es aquella con tendencias antisociales, son personas que pueden cometer actos delictivos muy graves, violentos, sin mostrar ningún tipo de sentimiento de culpa. Carecen de empatía y es más habitual en hombres que en mujeres. Su capacidad intelectual está intacta y suelen llevar vidas aparentemente y de cara a la galería “normales”.

Nace o se hace

Muchas teorías explicativas, modelos y estudios neuropsicológicos y psicofisiológicos se han llevado a cabo en las últimas décadas para poder encontrar ese origen y/o dar con las causas reales que puedan dar explicación a la psicopatía.

  • Teorías psicobiológicas. Defienden que todo viene marcado por la herencia genética. Autores como Lombroso o Eysenck estarían en este grupo. Aquí podemos distinguir entre teorías que hablan de lesiones cerebrales localizadas en el lóbulo frontal y otras que apelan a la funcionalidad del sistema nervioso, problemas psiconeurológicos y agentes bioquímicos, como una importante reducción de tamaño de la amígdala.
  • Teorías psicológicas. La raíz común de estas teorías está en la psique humana. Teorías psicoanalíticas, teorías del aprendizaje y teorías del control son las que  encontramos aquí.
  • Teoría biológico-conductual. Interacción entre al ambiente y la personalidad. Modelo de vulnerabilidad en el que algunas personas, por sus características psicológicas, se ven más dificultados a adquirir hábitos de socialización. Un erróneo proceso de socialización y la ausencia de conciencia moral serían las variables protagonistas.

Entre los agentes externos que generan un fuerte impacto encontramos la presencia de episodios violentos, maltratos en la infancia, ausencia de cariño, apegos inseguros, abusos sexuales y negligencia infantil.

Finalmente y como conclusión, lo que sí sabemos y está claro es que la psicopatía no tiene una única causa u origen, es el resultado de una interacción y relaciones de factores genéticos, neurobiológicos, socioculturales, psicológicos y de aprendizaje conductual.

Rasgos

Hay ciertos rasgos, características, síntomas y elementos que están presentes de manera común en las personas psicópatas.

  • La persona psicópata es fría y calculadora. Les cuesta expresar sus distintos tipos de emociones de manera normal.
  • Muestran una ausencia total de empatía, esto es, no son capaces de ponerse en el lugar del otro, y no sienten lo que sienten los demás. El o la psicópata sí va a entender y racionalizar los sentimientos y las emociones ajenas, pero no los puede llegar a sentir, notar, ni experimentar en su propia piel. Por ejemplo, es capaz de entender las lágrimas en el cine de un espectador que tenga al lado tras ver una película emotiva, pero él no lo va a sentir y será incapaz de llorar de manera natural ni de emocionarse. Puede mostrar cierta compasión, pero no porque lo sienta, sino solo por complacerte, por imitación, por seguir la norma o por pura cortesía.
  • No sienten culpa, ni remordimientos tras hacer daño o después de cometer conductas delictivas o violentas. El arrepentimiento no es algo que sientan o experimenten. Por esto no aprenden de las experiencias pasadas, y en particular el castigo en ellos es ineficaz.
  • Se muestran distantes, superficiales y ajenos hacia los sentimientos de sus allegados, familiares y amistades.
  • Tienen una personalidad manipuladora. Suelen manipular, mentir y tergiversar la realidad para alcanzar sus propios objetivos y metas personales. Saben a la perfección qué hacer, qué decir, con quién hablar y cómo expresarse para obtener un beneficio personal sin pensar ni un solo momento en el daño o posibles consecuencias negativas que ello pueda tener.
  • Ausencia de miedo. 
  • No les importa cruzar las líneas rojas y pasar los límites de lo correcto. Marcada despreocupación por las normas, reglas, lo correcto y obligaciones sociales.
  • Distinguen perfectamente lo que está bien y lo que está mal.
  • Son personas impulsivas y les atrae el riesgo y la búsqueda constante de nuevas sensaciones. Se mueven por impulsos, de manera inmediata, sin analizar en frío y con tiempo las circunstancias y en ocasiones de manera irresponsable y aparentemente infantil.
  • La mentira es habitual en su día a día. Suelen mentir de manera frecuente, constantemente y casi sin ser consciente de ello. Mienten a su pareja, en el trabajo, a sus amistades, a sus hijos… entramados de mentiras a diferentes niveles conforman su rutina normal.
  • Necesidad irrefrenable de descarga de adrenalina, tendencia al aburrimiento, por lo que siempre están buscando situaciones en las que la excitación y la emoción sean los protagonistas. Por ello, suelen tener, consumir y caer en conductas adictivas: adicción a drogas, al sexo…
  • Se relacionan en ocasiones de una manera cruel, haciendo daño de manera consciente. En ocasiones pareciese que disfrutaran con el dolor y el sufrimiento ajeno.
  • Encanto personal. Son personas que se muestran encantadoras en sus relaciones sociales, sonríen mucho, se muestran abiertos, habladores, decididos, agradables, aduladores, de carácter extrovertido… En ocasiones hasta tienen un atractivo especial que llama la atención. Este elemento es uno de los factores clave en clínica a la hora de distinguir un perfil psicópata de otro sociópata.
  • Su vida es aparentemente normal, trabajo estable, pareja, hijos…
  • Necesidad obsesiva de tener el control y de ejercer el poder. Les cuesta horrores delegar, se muestran desconfiados, no ceden…
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Narcisismo. Ya hablamos de ello en nuestro post: ¿alta autoestima es igual a narcisismo?. Los psicópatas se gustan, se quieren mucho, se perciben a sí mismos como más inteligentes, más poderosos, más valiosos, egocéntricos, más, más y mejores que el resto… evidentemente percepción errónea y sesgada.
  • Marcada predisposición a culpar a los demás, tendencia a la atribución externa de los errores. La culpa siempre es de los demás y nunca de ellos.

Cómo tratar

Complicada cuestión… este tipo de personas no se van a curar, y es que no hablamos de enfermedad clínica como tal y por lo tanto no podemos especificar un tratamiento concreto.

Aquí la importancia está en la prevención, esto es, intervenir durante la infancia porque es el momento de máxima vulnerabilidad.

Trabajar con los más pequeños la empatía, la gestión emocional, la venganza, el autocontrol… de cara a promover condiciones favorables.

Un caso real

La literatura y el cine están llenos de ejemplos de personas así, pero en la vida real también los tenemos conviviendo a nuestra vera, y no tienen por qué comportarse de manera violenta.

¡Cuidado! porque los datos que se manejan hablan de un 1% de la población, esto es, 1 de cada 100 personas podría serlo y si hacemos caso del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), su prevalencia estaría entre el 0.2 % y el 3.3 %.

ELSA Y DAN

… Lo conoció en una lavandería de Londres, donde ella estaba pasando un año sabático después de un divorcio tormentoso y agotador. Lo había visto por los alrededores del barrio y cuando finalmente comenzaron a charlar, sintió como si lo conociera de toda la vida. Era abierto y encantador y conectaron inmediatamente. Desde el principio pensó que era muy divertido.

Ella se sentía sola. El tiempo se presentaba horrible (caía aguanieve). Ya había visto todas las películas y todas las obras de teatro de la ciudad y no conocía ni a un alma en ese lado del Atlántico.

«Ah, la soledad del viajero —dijo Dan compasivamente mientras cenaban juntos— Es lo peor.»

Al acabar el postre, Dan se dio cuenta de que se había dejado la cartera en casa y tuvo un gesto de vergüenza. Elsa estaba encantada de poder invitarle. Después fueron al cine.

En el pub, después de unas copas, él le dijo que era traductor para las Naciones Unidas. Viajaba por todo el mundo. En ese momento, estaba esperando que le enviasen a alguna parte.’

Comienzan a verse con asiduidad, hasta que Dan le propone irse a vivir juntos, a la casa de ella. La soledad de Elsa había desaparecido y estaba viviendo un momento muy hermoso y pleno.

Sin embargo, había ciertos detalles (¡Sí, siempre los detalles, la letra pequeña!) que a Elsa le parecían extraños. ‘Cosas de las que no se hablaban y habitaban en la cabeza de Elsa’. Él no la invitó nunca a su casa, ni la presentó a sus amigos… Respuestas demasiado breves, otras incoherentes…

‘La primera vez que Dan no acudió a una cita con Elsa, ella temía que hubiese tenido un accidente —siempre cruzaba las calles sin mirar, como una flecha.

No volvió a casa en tres días. Al final, Elsa se lo encontró, a media mañana, durmiendo en casa. La peste a perfume rancio y cerveza la puso enferma. El miedo a que le hubiese sucedido algo se trocó en algo nuevo para ella: celos incontrolables, desagradables, salvajes.

-«¿Dónde has estado? —gritó— He estado tan preocupada. ¿Dónde estabas?»

Recién levantado tenía un aspecto bastante agrio. «No me vuelvas a preguntar eso en la vida», respondió.

-«¿Qué?»

-«Dónde voy, qué hago, con quién estoy: eso no te Concierne, Elsa. No preguntes.»

Era una persona diferente. Pero un segundo después pareció recobrar la compostura, se desperezó, salió de la cama y se acercó a ella. «Sé que te duele —dijo en su antiguo tono amable—, pero piensa en los celos como si se tratase de una gripe. Lo superarás. De verdad, amor, lo superarás.» Como una gata lamiendo a su cría, consiguió recuperar su confianza en él. Aun así, Elsa pensaba que lo que había dicho sobre los celos era de lo más extraño. Estaba segura de que él no había experimentado nunca el dolor de la confianza traicionada.

Una noche, ella le preguntó si le apetecía salir a comprarle un helado. Dan no respondía y cuando ella levantó la vista para mirarle vio una expresión de furia en su cara.

-«Siempre has tenido todo lo que has querido, ¿no? —dijo en un tono extraño, malicioso— Cualquier cosa que deseases, siempre saltaba alguien de la cama y corría a comprártelo, ¿verdad?»

-«¿Estás bromeando? No soy así. ¿De qué estás hablando?» Dan se levantó de la silla y salió fuera. No lo volvió a ver jamás.’

Tomado de Robert Hare “Sin Conciencia” 1993.

Sonia Castro
Sonia Castro

Licenciada en Psicología por la UAM. Especialidad clínica y de la salud. Centrada en el campo de las relaciones personales. Compagino mi vida profesional con mi gran afición, la escritura, redactando para distintos blogs y con dos libros publicados. Actualmente orientadora/responsable de atención al alumno en el IEPP.

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