¿La ansiedad causa insomnio? Cómo se relacionan y qué puedes hacer
Inma Aldea
(Psicólog@)
20 octubre, 2026
Nos metemos en la cama dispuestos a dormir, pero justo entonces empezamos a darle vueltas a lo que ha ocurrido durante el día, lo que tenemos pendiente para mañana o aquello que nos preocupa. Pasan los minutos y, cuanto más intentamos dormir, más difícil parece conseguirlo.
Esta situación es bastante habitual y explica en parte por qué la ansiedad puede causar insomnio. Cuando existe preocupación, tensión o un nivel elevado de activación mental, puede resultarnos más difícil desconectar y conciliar el sueño.
Además, la relación funciona en ambas direcciones: la ansiedad puede dificultar nuestro descanso y, al mismo tiempo, dormir mal puede aumentar al día siguiente la irritabilidad, el cansancio y la sensación de preocupación.
Desde IEPP sabemos que la forma en la que nos hablamos, gestionamos nuestras emociones y nos relacionamos con nosotros mismos también influye en nuestro bienestar cotidiano. Por eso, en nuestro Curso Universitario de Especialización en Autoestima e Identidad Personal trabajamos aspectos como el autoconcepto, la autocompasión, la gestión emocional y las creencias que pueden influir en nuestra relación con nosotros mismos.
Por qué la ansiedad puede mantenernos despiertos
Dormir requiere que pasemos progresivamente de la actividad del día a un estado de descanso.
Cuando estamos preocupados, nuestro cuerpo y nuestra mente pueden permanecer en un estado de mayor activación. Pueden aparecer pensamientos repetitivos, tensión muscular o una sensación de alerta que nos dificulta relajarnos.
Las dificultades pueden manifestarse de diferentes formas:
- Nos cuesta conciliar el sueño.
- Nos despertamos varias veces durante la noche.
- Nos despertamos antes de lo previsto.
- Tenemos la sensación de no haber descansado suficientemente.
- Aparecen pensamientos recurrentes al acostarnos.
- Empezamos a preocuparnos por no conseguir dormir.
Esto no significa que cualquier noche de mal descanso indique un problema de ansiedad. El insomnio puede tener múltiples causas y prácticamente todos podemos atravesar periodos puntuales en los que nos cuesta dormir.
Cuando preocuparnos por dormir empeora el problema
Una de las dificultades aparece cuando empezamos a preocuparnos precisamente por no poder dormir.
Podemos entrar en un círculo parecido a este:
- Una preocupación nos mantiene despiertos.
- Miramos el reloj y comprobamos que cada vez quedan menos horas para levantarnos.
- Pensamos: “Mañana estaré agotado”.
- Intentamos obligarnos a dormir.
- Aumenta nuestra tensión.
- Conciliar el sueño resulta todavía más difícil.
En ese momento, dormir deja de ser únicamente una necesidad y puede convertirse en una nueva fuente de preocupación.
Cuanto más pendientes estamos de conseguir dormir inmediatamente, más atención prestamos a cualquier señal que nos indique que seguimos despiertos.
¿Cómo podemos saber si la preocupación está afectando a nuestro sueño?
No siempre resulta fácil determinar qué hay detrás de las dificultades para dormir.
Algunas señales pueden indicarnos que la preocupación o la activación emocional están influyendo en nuestro descanso:
- Nos cuesta desconectar mentalmente al acostarnos.
- Repasamos continuamente situaciones del día.
- Anticipamos problemas relacionados con el día siguiente.
- Nos despertamos y empezamos inmediatamente a pensar.
- Notamos tensión cuando se acerca la hora de dormir.
- Nos preocupa de forma recurrente no conseguir descansar.
- Dormimos peor durante periodos de mayor estrés.
Sin embargo, estos síntomas también pueden tener otras explicaciones. Si los problemas de sueño son persistentes, es importante que un profesional pueda valorar nuestra situación.
Qué podemos hacer cuando la ansiedad no nos deja dormir
No existe una estrategia que funcione exactamente igual para todos. Aun así, algunos hábitos pueden ayudarnos a crear una transición más clara entre el ritmo del día y el momento de descanso.
Crear una rutina antes de acostarnos
Nuestro cuerpo agradece cierta regularidad.
Intentar acostarnos y levantarnos aproximadamente a la misma hora y establecer una rutina tranquila antes de dormir puede ayudarnos a asociar determinadas actividades con el momento de descansar.
Podemos utilizar ese periodo para leer, escuchar música tranquila o realizar alguna actividad relajante.
Reducir la estimulación al final del día
Trabajar hasta el último minuto, revisar mensajes constantemente o realizar actividades muy estimulantes justo antes de acostarnos puede dificultar que desconectemos.
Podemos intentar crear una pequeña transición entre nuestras obligaciones y la hora de dormir.
No necesitamos pasar directamente de estar solucionando problemas a intentar conciliar el sueño unos minutos después.
Escribir lo que ocupa nuestra cabeza
Cuando nos metemos en la cama pueden aparecer de golpe todas las tareas, preocupaciones y conversaciones pendientes.
Escribirlas previamente puede ayudarnos a dejar de repasarlas una y otra vez.
Podemos anotar:
- qué nos preocupa;
- qué necesitamos hacer al día siguiente;
- qué podemos resolver;
- qué asuntos pueden esperar;
- qué cosas no dependen de nosotros en ese momento.
No buscamos tener todas las respuestas antes de dormir. La idea es reducir la necesidad de mantener constantemente esa información activa en nuestra mente.
Utilizar técnicas de relajación sin convertirlas en otra obligación
Las técnicas de respiración, relajación muscular o mindfulness pueden ayudarnos a dirigir la atención hacia el momento presente y disminuir progresivamente nuestra activación.
Pero conviene evitar otra trampa: pensar que una técnica “tiene que” conseguir que nos durmamos inmediatamente.
Podemos entenderla como una herramienta para generar unas condiciones más favorables para descansar, no como una prueba que tenemos que superar.
Prestar atención a los estimulantes
El café, las bebidas energéticas y otros productos con cafeína pueden interferir con nuestro descanso, especialmente cuando los consumimos durante las últimas horas del día.
Si tenemos dificultades para dormir, puede resultar útil observar cuánto consumimos y en qué momento.
Dejar de convertir el sueño en una cuenta atrás
Mirar constantemente el reloj y calcular cuántas horas nos quedan hasta que suene la alarma suele aumentar todavía más la presión.
“Solo me quedan cinco horas.”
“Ahora cuatro y media.”
“Mañana no podré con el día.”
Cuanto más intentamos controlar conscientemente el momento exacto en el que debemos quedarnos dormidos, más fácil resulta que terminemos frustrados y pendientes de nuestro propio sueño.

Lo que ocurre durante el día también importa
Cuando tenemos dificultades para dormir solemos concentrar toda nuestra atención en lo que hacemos justo antes de acostarnos.
Sin embargo, nuestro bienestar emocional no empieza por la noche.
La forma en la que gestionamos nuestras preocupaciones, el nivel de exigencia que mantenemos o la manera en la que nos hablamos durante el día también pueden influir en cómo llegamos al momento de descansar.
Podemos preguntarnos:
- ¿Somos excesivamente críticos con nosotros mismos?
- ¿Nos exigimos solucionar todo inmediatamente?
- ¿Sentimos que cometer un error dice algo negativo sobre nuestro valor personal?
- ¿Nos cuesta poner límites?
- ¿Nos permitimos descansar sin sentir culpabilidad?
- ¿Sabemos reconocer y expresar lo que sentimos?
Trabajar nuestra relación con nosotros mismos no constituye un tratamiento específico para el insomnio o un trastorno de ansiedad, pero sí puede formar parte de un trabajo más amplio sobre nuestro bienestar emocional.
Autoestima, autocrítica y bienestar emocional
La autoestima no consiste únicamente en “sentirnos bien con nosotros mismos”.
También está relacionada con nuestro autoconcepto, nuestra percepción personal, las creencias que hemos construido sobre quiénes somos y la forma en la que reaccionamos ante nuestros errores y dificultades.
Cuando nuestra voz interna es constantemente crítica, podemos añadir presión a situaciones que ya resultan difíciles.
Por ejemplo, ante una noche en la que nos cuesta dormir podemos pasar de:
“Hoy me está costando conciliar el sueño”
a pensamientos como:
“Otra vez igual, mañana no voy a servir para nada.”
“Debería ser capaz de controlar esto.”
“No sé gestionar nada bien.”
En estos casos ya no estamos hablando únicamente del sueño. Estamos haciendo valoraciones sobre nosotros mismos.
Aprender a identificar estos patrones y desarrollar una relación interna más realista y compasiva puede ayudarnos a gestionar de otra manera determinadas experiencias difíciles.
Una relación más amable con nosotros mismos
Desde IEPP trabajamos la autoestima como un concepto que incluye diferentes dimensiones de nuestra relación personal.
En nuestro Curso Universitario de Especialización en Autoestima e Identidad Personal profundizamos en cuestiones como:
- autoestima y autoconcepto;
- autoimagen;
- autoeficacia;
- fortalezas personales;
- gestión emocional;
- autocrítica y creencias limitantes;
- autocompasión;
- identidad personal;
- relaciones interpersonales y asertividad.
El objetivo de esta formación no es tratar específicamente los problemas de sueño o los trastornos de ansiedad, sino ayudarnos a comprender mejor cómo construimos nuestra autoestima e identidad y desarrollar recursos para relacionarnos de una forma más saludable, realista y compasiva con nosotros mismos.
Cuándo conviene pedir ayuda profesional
Dormir mal alguna noche debido a una preocupación puntual es diferente de experimentar dificultades frecuentes que terminan afectando a nuestra vida cotidiana.
Conviene buscar valoración profesional si el problema se mantiene, empeora o afecta de manera significativa a aspectos como:
- nuestro rendimiento diario;
- nuestra capacidad de concentración;
- nuestro estado de ánimo;
- nuestras relaciones;
- nuestro trabajo o estudios;
- nuestra sensación general de bienestar.
También es importante consultar si experimentamos síntomas intensos de ansiedad o si las dificultades para dormir aparecen junto con otros problemas de salud.
Ansiedad y sueño pueden formar un círculo
Entonces, ¿la ansiedad causa insomnio?
Puede contribuir a que aparezcan dificultades para conciliar o mantener el sueño, pero no es la única causa posible.
Además, ambos problemas pueden retroalimentarse: preocuparnos dificulta que durmamos y dormir mal puede aumentar nuestro cansancio, irritabilidad y preocupación al día siguiente.
Por eso, además de cuidar nuestros hábitos de sueño, puede ser útil observar qué ocurre durante el resto del día: cómo gestionamos las preocupaciones, cómo nos hablamos, qué nivel de exigencia mantenemos y qué herramientas utilizamos para regular nuestras emociones.
En IEPP entendemos el bienestar desde una perspectiva amplia. Cuidar nuestra autoestima, conocernos mejor y desarrollar una relación más amable con nosotros mismos son aspectos que también pueden ayudarnos a afrontar de otra manera las dificultades cotidianas.
Porque dormir mejor no siempre empieza exactamente en el momento de apagar la luz.
Preguntas frecuentes sobre ansiedad e insomnio
¿La ansiedad puede hacer que no podamos dormir?
Sí. La preocupación y un nivel elevado de activación mental pueden dificultarnos conciliar o mantener el sueño. Sin embargo, el insomnio también puede deberse a muchas otras causas, por lo que no debemos asumir automáticamente que existe ansiedad detrás de cualquier problema de descanso.
¿Cómo podemos saber si nuestro insomnio está relacionado con la ansiedad?
Puede existir una relación si las dificultades aparecen especialmente durante periodos de preocupación o si al acostarnos experimentamos pensamientos repetitivos y nos cuesta desconectar.
Cuando el problema es persistente o afecta significativamente a nuestra vida diaria, conviene consultar con un profesional.
¿Dormir mal puede aumentar nuestra ansiedad?
Dormir mal puede influir negativamente en nuestro estado de ánimo y hacer que al día siguiente nos resulte más difícil gestionar determinadas situaciones o emociones. De esta forma, la preocupación y las dificultades de sueño pueden terminar retroalimentandose.
¿Qué podemos hacer cuando no podemos dormir porque pensamos demasiado?
Podemos probar a establecer una rutina previa al sueño, reducir la estimulación, escribir las preocupaciones antes de acostarnos y utilizar técnicas de relajación.
También puede resultarnos útil observar cómo gestionamos durante el día aquello que nos preocupa, en lugar de esperar a resolverlo todo cuando llega la noche.
¿Qué relación puede haber entre autoestima y bienestar emocional?
Nuestra autoestima está relacionada con la manera en la que nos percibimos, nos valoramos y respondemos ante nuestras propias dificultades. Trabajar aspectos como el autoconcepto, la autocrítica, la autocompasión o la gestión emocional puede ayudarnos a desarrollar una relación más equilibrada con nosotros mismos.
¿Dónde podemos trabajar la autoestima y la identidad personal?
En IEPP contamos con el Curso Universitario de Especialización en Autoestima e Identidad Personal, en el que trabajamos la autoestima, la identidad, las fortalezas personales, la autocompasión, la gestión emocional y las relaciones interpersonales desde un enfoque aplicado.
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