Optimismo realista para mirar al futuro sin ignorar las dificultades
Fatima Izquierdo
(Psicólog@)
20 octubre, 2026
Cuando hablamos de optimismo, es fácil pensar en frases como “todo irá bien” o “hay que quedarse con lo positivo”. A veces pueden parecer poco realistas, pero mirar el futuro con esperanza no significa negar los problemas ni convencernos de que cualquier situación acabará exactamente como queremos.
Entre los extremos del pesimismo y un optimismo exagerado y poco ajustado a la realidad encontramos el optimismo realista: una forma de afrontar el futuro reconociendo los obstáculos, la incertidumbre y aquello que no depende de nosotros, sin asumir automáticamente que todo saldrá mal.
Así, desde IEPP entendemos el optimismo como un recurso que podemos desarrollar de forma consciente. No buscamos ignorar aquello que nos preocupa, sino aprender a interpretar las situaciones desde una perspectiva más equilibrada y orientada a la acción.
En nuestro Experto Universitario en Psicología Positiva trabajamos el optimismo junto con otros recursos relacionados con el bienestar, las fortalezas personales, la resiliencia y el desarrollo personal.
Una forma diferente de mirar hacia delante
Podemos entender el optimismo realista como la capacidad de mantener expectativas favorables sobre el futuro sin perder de vista las circunstancias reales.
Esto implica reconocer que:
- No podemos controlar todos los resultados;
- pueden aparecer dificultades;
- algunas expectativas no se cumplirán;
- existe un margen de incertidumbre;
- nuestras acciones sí pueden influir en parte de lo que ocurra.
Imaginemos que participamos en un proceso de selección importante.
Un optimismo poco realista podría llevarnos a pensar:
“Seguro que me escogerán.”
Una interpretación pesimista sería:
“No tengo ninguna posibilidad.”
Desde una perspectiva más equilibrada podríamos pensar:
“No puedo saber cuál será el resultado, pero puedo prepararme bien y aumentar mis posibilidades.”
Esta última interpretación no garantiza ningún resultado, pero dirige nuestra atención hacia aquello sobre lo que sí podemos actuar.
Ser optimistas no significa negar lo que está pasando
Uno de los principales malentendidos alrededor del pensamiento positivo es creer que debemos encontrar inmediatamente algo bueno en cualquier situación. Pero no todas las experiencias necesitan una lectura positiva.
Si de algo podemos estar seguras es de que en la vida habrá situaciones difíciles, injustas, frustrantes, dolorosas... Reconocerlas como tal forma parte de una mirada realista.
Pero las emociones no tienen por qué definir nuestra conducta: podemos sentir decepción y seguir confiando en que encontraremos alternativas. Podemos estar preocupados y empezar a preparar una respuesta. Podemos reconocer que algo ha salido mal sin concluir por ello que todo seguirá saliendo mal inevitablemente.
Desde IEPP entendemos que el bienestar no pasa por evitar cualquier emoción desagradable, sino por aprender a relacionarnos de una forma más flexible con aquello que pensamos, sentimos y vivimos.
Lo que nos contamos sobre lo que ocurre importa
Nuestra forma de interpretar los acontecimientos influye en las expectativas que desarrollamos.
Después de cometer un error podemos pensar:
- “Siempre me pasa lo mismo”.
- “No sirvo para esto”.
- “Todo me sale mal”.
- “Nunca conseguiré hacerlo bien”.
Estas expresiones convierten una experiencia concreta en una conclusión general.
Dejamos de hablar de algo que ha sucedido y empezamos a utilizarlo para definir quiénes somos o anticipar lo que ocurrirá en el futuro.
Podemos intentar sustituir estas interpretaciones globales por otras más concretas:
“Esta estrategia no ha funcionado.”
“Necesito preparar mejor esta parte.”
“Hay algo que todavía tengo que aprender.”
La situación continúa siendo negativa, pero ya no la utilizamos como prueba de que todo volverá a salir mal.
Hechos y predicciones: aprender a distinguirlos
Nuestra mente intenta anticipar constantemente lo que ocurrirá.
Esta capacidad es muy útil para planificar, prepararnos y tomar decisiones. Pero también puede hacer que confundamos una posibilidad con una certeza.
Pensar:
“La reunión irá fatal”
no es lo mismo que saber que la reunión será complicada.
Pensar:
“Nadie estará de acuerdo conmigo”
es una predicción, no un hecho.
Cuando detectemos este tipo de pensamientos podemos hacernos una pregunta sencilla:
¿Qué sé realmente y qué estoy anticipando?
Esta distinción puede ayudarnos a ganar perspectiva y a evitar que tratemos nuestros escenarios mentales como si ya hubieran ocurrido.

El optimismo que nos mueve a actuar
Uno de los aspectos más interesantes del optimismo realista es su relación con nuestra capacidad de acción.
Cuando creemos que nada puede cambiar, resulta mucho más difícil encontrar motivos para intentarlo.
En cambio, cuando consideramos que determinadas acciones pueden tener algún impacto, es más probable que busquemos alternativas.
Podemos preguntarnos:
- ¿Qué depende realmente de nosotros?
- ¿Qué podemos preparar mejor?
- ¿Qué información necesitamos?
- ¿A quién podemos pedir ayuda?
- ¿Qué alternativas tenemos?
- ¿Qué podemos aprender del proceso?
Esto no significa responsabilizarnos de todos los resultados.
Muchas situaciones dependen de factores externos, decisiones de otras personas o circunstancias que no podemos controlar.
El optimismo realista consiste precisamente en reconocer ambas partes: nuestro margen de acción y nuestros límites.
Cuando pensar en positivo deja de ayudarnos
El optimismo también puede convertirse en un problema cuando nos lleva a infravalorar riesgos.
Pensar “ya saldrá” puede hacer que preparemos menos una tarea importante.
Creer que algo nunca nos ocurrirá puede hacer que ignoremos señales relevantes.
Confiar únicamente en que las cosas acabarán solucionándose puede impedirnos tomar decisiones necesarias.
Por eso añadimos la palabra realista.
Una expectativa favorable sobre el futuro necesita convivir con:
- información;
- capacidad crítica;
- preparación;
- planificación;
- prudencia.
No tenemos que elegir entre confianza y cautela.
Podemos confiar en nuestras posibilidades y, al mismo tiempo, prepararnos para las dificultades que puedan aparecer.
Cuatro formas de entrenar una mirada más equilibrada
Nuestra manera de interpretar las situaciones puede estar muy automatizada, pero podemos aprender a observarla y modificarla.
1. Detectemos las generalizaciones
Cuando algo salga mal, podemos prestar atención a palabras como:
“siempre”, “nunca”, “todo”, “nada”.
Si pensamos “nunca termino lo que empiezo”, quizá podamos buscar ejemplos que no encajen con esa afirmación.
El objetivo no es convencernos de lo contrario, sino construir una interpretación más precisa.
2. Busquemos evidencias
Podemos preguntarnos:
¿Qué datos apoyan lo que estoy pensando?
y también:
¿Existe alguna información que lo contradiga?
Esto puede ayudarnos a distinguir entre una conclusión basada en hechos y una interpretación automática.
3. Imaginemos más de un escenario
Cuando nos preocupa algo solemos centrarnos en el peor resultado posible.
Podemos probar a imaginar tres escenarios:
- el mejor;
- el peor;
- uno intermedio.
Muchas veces descubriremos que existe una gama mucho más amplia de posibilidades de la que habíamos considerado inicialmente.
4. Volvamos a nuestro margen de acción
Después de analizar la situación podemos preguntarnos:
“¿Qué puedo hacer yo ahora?”
Quizá no podamos controlar el desenlace, pero sí nuestra preparación, nuestras decisiones o la forma en la que respondemos.
En IEPP trabajamos este tipo de recursos desde la Psicología Positiva con el objetivo de desarrollar una visión del bienestar que no ignore las dificultades, sino que incorpore herramientas para afrontarlas.
También necesitamos mirar aquello que sí funciona
Ser realistas no significa dedicar toda nuestra atención a los problemas.
Un mismo día puede contener dificultades y experiencias agradables.
Un proyecto puede estar atravesando un problema importante y, al mismo tiempo, mostrar avances.
Podemos sentir preocupación por un área de nuestra vida y gratitud por otra.
Aprender a reconocer lo que funciona no elimina lo que nos preocupa, pero puede ayudarnos a ampliar nuestra perspectiva.
Desde la Psicología Positiva prestamos especial atención a recursos como:
- las fortalezas personales;
- la gratitud;
- las relaciones positivas;
- el sentido vital;
- la resiliencia;
- las emociones positivas;
- el optimismo.
En IEPP trabajamos estos elementos de manera integrada porque entendemos que el bienestar no depende únicamente de reducir aquello que nos genera malestar, sino también de desarrollar recursos que nos ayuden a afrontar mejor nuestra vida cotidiana.
¿Podemos aprender a ser más optimistas?
Nuestra forma de interpretar lo que ocurre puede estar profundamente automatizada, pero no tiene por qué ser completamente fija.
Podemos aprender a revisar nuestro lenguaje, cuestionar algunas predicciones y construir interpretaciones más ajustadas.
No buscamos sustituir automáticamente un pensamiento negativo por uno positivo.
Si pensamos:
“Esto va a ser un desastre”
no necesitamos obligarnos a responder:
“Todo irá genial.”
Podemos buscar una tercera opción:
“No sé exactamente cómo saldrá, pero puedo prepararme para afrontar lo que ocurra.”
O cambiar:
“No voy a poder hacerlo”
por:
“Puede ser difícil, pero puedo empezar por ver qué necesito para intentarlo.”
Estas diferencias pueden parecer pequeñas, pero modifican nuestra relación con la situación: pasamos de una conclusión cerrada a una interpretación que mantiene abiertas diferentes posibilidades.
Psicología Positiva: aprender a desarrollar nuestros recursos
El optimismo es uno de los recursos estudiados dentro de la Psicología Positiva junto con las fortalezas personales, la resiliencia, la gratitud, las emociones positivas o el sentido vital.
Desde IEPP llevamos estos conocimientos a un enfoque aplicado, buscando que podamos comprenderlos y utilizarlos tanto en nuestra vida personal como en diferentes contextos profesionales.
En nuestro Experto Universitario en Psicología Positiva profundizamos en los principales recursos relacionados con el bienestar y en herramientas para trabajar con ellos desde una perspectiva práctica.
El objetivo no es aprender a ver todo de forma positiva, sino comprender mejor qué factores pueden ayudarnos a desarrollar nuestros recursos y relacionarnos de forma más flexible con aquello que vivimos.
Preguntas frecuentes sobre el optimismo realista
¿Qué es el optimismo realista?
El optimismo realista consiste en mantener una expectativa favorable sobre el futuro sin ignorar las dificultades, los riesgos o la incertidumbre. No implica asumir que todo saldrá bien, sino reconocer que podemos utilizar nuestros recursos y tomar decisiones que influyan en determinadas situaciones.
¿Qué diferencia hay entre optimismo y pensamiento positivo?
El pensamiento positivo puede entenderse de muchas maneras, pero cuando consiste únicamente en intentar pensar que todo irá bien puede alejarnos de una evaluación realista.
El optimismo realista, en cambio, permite reconocer problemas y emociones desagradables al mismo tiempo que mantenemos abiertas nuestras posibilidades de actuación.
¿Ser optimista significa pensar que todo saldrá bien?
No. Podemos ser optimistas y reconocer que algo puede salir mal.
La diferencia está en no interpretar automáticamente una dificultad o un posible fracaso como prueba de que no podremos afrontarlo o de que todo seguirá yendo mal en el futuro.
¿Cómo podemos trabajar el optimismo realista?
Podemos empezar observando nuestras predicciones automáticas, diferenciando hechos de interpretaciones, buscando evidencias y planteando diferentes escenarios posibles.
También podemos preguntarnos qué parte de la situación depende de nosotros y qué acciones concretas podemos realizar.
¿Puede aprenderse el optimismo?
Nuestra manera de interpretar la realidad puede modificarse con práctica. Podemos aprender a identificar generalizaciones, cuestionar predicciones y desarrollar formas más concretas y equilibradas de interpretar aquello que nos ocurre.
Desde IEPP abordamos el optimismo como uno de los recursos que pueden trabajarse dentro de la Psicología Positiva.
¿Dónde podemos formarnos en Psicología Positiva?
En IEPP contamos con el Experto Universitario en Psicología Positiva, una formación orientada a profundizar en recursos como las fortalezas, el optimismo, la resiliencia, la gratitud y otros factores relacionados con el bienestar.
También te puede interesar
Qué es la flexibilidad psicológica y cómo nos ayuda a adaptarnos mejor a los cambios
Cambiar de planes, afrontar una situación inesperada, aceptar que algo no ha salido como queríamos o convivir con emociones incómodas forma parte de la vida…
Neuropsicología infantil: qué es y cómo ayuda a comprender el desarrollo
Atención, memoria, lenguaje, emociones, aprendizaje… Durante la infancia, todas estas capacidades evolucionan mientras el cerebro continúa desarrollándose. Entender cómo se relacionan entre ellas es uno…
Español
Italiano
English