Intransigencia

Personas intransigentes: abre tu mente a otras posibilidades

Rebeca Gómez Rebeca Gómez (Psicólog@)

24 enero, 2023

“Nunca da su brazo a torcer”

“Siempre piensa que tiene la razón”

“No se baja del burro”

“No acepta otras opiniones ni otros puntos de vista”

¿Te suenan estas expresiones? ¿Te las han dicho alguna vez? Mientras las leías, ¿te ha venido a la mente alguna persona conocida?

En nuestro post de hoy vamos a profundizar sobre las características de las personas intransigentes, cuándo se convierte en un problema y veremos algunas claves para evitar que afecte a nuestras relaciones interpersonales.

¿Qué significa ser intransigente?

La intransigencia consiste en defender el punto de vista propio, manteniéndose inflexible, sin aceptar ni reconocer otras opiniones. 

Esto puede llegar a constituir un problema serio en la vida de una persona y de las que la rodean. A nivel social, puede llevar a actitudes intolerantes ante determinados colectivos (racismo, homofobia, etc.).

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Características de las personas intransigentes

  • Son inflexibles. Para estas personas cambiar de idea o pensamiento es difícil o casi imposible. Esto limita la capacidad de aprender, al no tener apertura a nuevas ideas.
  • Tienen tendencia a llevar la contraria a las personas que contradicen sus argumentos, rechazándolas de manera automática.
  • Están en alerta constante, pendientes de cualquier información que pueda suponer una amenaza a su dignidad.
  • Buscan o interpretan solo aquella información que confirme sus opiniones, sin tener en cuenta todos los datos, y le quitan importancia a aquella información que las refuta. En psicología, se denomina “sesgo de confirmación''.
  • Necesidad de control. Se aferran a sus ideas porque necesitan que el mundo sea predecible, percibiendo todo lo que es diferente como una amenaza.

¿La intransigencia es un problema?

Lo primero de todo es dejar claro que no estamos hablando de un trastorno o una enfermedad mental. La tendencia a la intransigencia es un rasgo de personalidad que en determinadas situaciones y en su justa medida puede ayudarnos a mostrarnos firmes y defender nuestro punto de vista.

Sin embargo, cuando se sobrepasan los límites, puede llegar a convertirse en motivo de conflicto, llegando a perjudicar seriamente las relaciones interpersonales.

Cómo relacionarse con las personas intransigentes

Las personas intransigentes no suelen darse cuenta de que sus actitudes son negativas, suelen ser las personas de su entorno las que les llaman la atención por el hecho de sentirse directamente perjudicadas. 

Si crees que tienes cerca a una persona con estas características, toma nota de las siguientes claves:

  • Indica a la persona lo que no te ha gustado de su comportamiento, evitando etiquetarla de “intransigente” y focalizándote en cómo te sientes.
  • Marca límites. Tus opiniones y puntos de vista son igualmente válidos. Hazlo saber. Eso sí, utilizando la asertividad.
  • No intentes convencerlo/a. En vez de discutir, permítele hablar y escucha sus argumentos. Generalmente, estos argumentos se basan solo en sus propias creencias, por lo que más pronto que tarde serán fáciles de contradecir con información objetiva.
  • Trabaja la gestión de emociones para evitar ponerte al mismo nivel y mantener tu balance emocional.
  • Reflexiona sobre la relación con esa persona, valorando lo que te aporta y en lo que te perjudica, para distanciarse, en caso de ser necesario.

¿Y si soy yo la persona intransigente?

Si tras leer este post te has sentido identificado/a con las características de una persona intransigente, no te preocupes, tomar consciencia es el primer paso para el cambio. La apertura mental es una fortaleza que se puede trabajar. ¿Cómo podemos decir “no” en los momentos en que algo nos molesta sin que haya daños colaterales? ¿Es posible expresar nuestra opinión de manera firme sin parecer borde o intolerante?

Aunque al principio percibamos que en la práctica  no resulta tan eficaz como en la teoría, aprender a comunicar es un proceso que requiere de entrenamiento. Si aprendemos a hacer este cambio, podremos exponer nuestras opiniones y luchar por lo que queremos con flexibilidad, proporción y efectividad. Seremos capaces de ponernos en el lugar de la persona que tenemos delante y en cómo va a sentirse con lo que le queremos decir. Si creemos que es importante hablar de ello, no debemos callarnos, sino elegir adecuadamente las palabras y el tono.

A continuación, te proponemos unos tips para aplicarlos en tus sesiones de entrenamiento (Molina, 2013):

  • No imponer nuestro criterio, ya que no es el único cuando hablamos de comunicación entre personas. 
  • No amenazar a nuestro interlocutor/a. Por mucho que pensemos que tenemos razón, las amenazas solo van a servir para que perdamos toda la credibilidad.
  • Empatizar. Es imprescindible ponerse en el lugar de la otra persona para llegar a un buen entendimiento.
  • Reconocer que podemos estar equivocados/as y que la otra persona puede tener razón. No se trata de una competición, la principal finalidad comunicativa es llegar a comprenderse. 
  • Buscar puntos de acuerdo. Por muy antagónicas que sean las posturas, siempre hallaremos puntos de acuerdo. Éstos los reforzaremos con afirmaciones como “tienes razón”, “como bien dices…”.
  • Cuida la comunicación no verbal. La actitud corporal que adoptes en la comunicación favorecerá o perjudicará el mensaje que estás transmitiendo. Por ejemplo, el simple hecho de cruzar los brazos mientras hablamos es una señal de disconformidad, mientras que mantenerse a la misma altura del interlocutor indica igualdad de condiciones.

Si lo que has leído es de tu interés y quieres aprender herramientas para manejar emociones complejas, puedes solicitar información sobre nuestro Título Experto en Psicología Positiva y con gusto responderemos todas tus preguntas.

REFERENCIAS

  • Molina, C. (2013). Emociones expresadas, emociones superadas. Oniro.

Rebeca Gómez
Rebeca Gómez

Licenciada en Psicología. Máster en Psicología Positiva. Psicóloga del Equipo Técnico en Juzgado de Menores del Ministerio de Justicia. Psicóloga y Docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

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