Tipos de estrés

Tipos de estrés

Aroa Ruiz Aroa Ruiz (Psicólog@)

16 agosto, 2022

“Nueve de cada diez españoles (96%) han sentido estrés en el último año, y cuatro de cada diez (42,1%), lo han hecho de manera frecuente o continuada”

Laboratorios Cinfa y avalada por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS)

Sobre el estrés ya hemos hablado mucho en nuestro blog en diferentes artículos, y es que es un tema y una cuestión que está a la orden del día y más aún si cabe tras todos los acontecimientos vividos en pandemia. 

Hoy queremos seguir hablando del estrés y recopilar en este post información importante para seguir poniendo algo de luz y solucionar las dudas que tú, que estás leyendo tras la pantalla, puedas tener. 

¡Empezamos!

Qué es el estrés

El estrés es un proceso de activación fisiológica, resultado de la valoración de las demandas externas y de nuestros propios recursos para afrontarlas, y nos ayuda a superar retos que están sucediendo en este momento. Es la respuesta del organismo a aquellas situaciones que son percibidas como amenazantes, se trata de una respuesta inconsciente y beneficiosa, ya que tiene por objetivo mantenernos a salvo.

Se convierte en disfuncional cuando nos sobrecargamos de actividades y éstas sobrepasan los recursos disponibles, pudiendo provocar además un diálogo interno relacionado con la ansiedad.

Es decir, en ocasiones la ansiedad puede ser una consecuencia del estrés.

Tipos de estrés

  • Estrés agudo

Aparece cuando nos enfrentamos a un cambio abrupto en nuestra vida, como un despido inesperado, un cambio de ciudad, una enfermedad o lesión… Adaptarnos a esta nueva situación requiere tantos recursos que genera cansancio, tensión muscular… y puede que también ansiedad.

Aquellos casos de estrés que se dan en periodos reducidos, de manera puntual y en los que hay un periodo de duración que empieza y que claramente termina. Este se da cuando aparecen los factores desencadenantes, aunque una vez que estos dejan de existir, el estrés también desaparece.

Un ejemplo de estrés agudo podría ser, por ejemplo, unas semanas con un pico de trabajo más intenso de lo habitual por un proyecto con fecha de entrega. Además, muchas veces este tipo de estrés suele ser periódico, en unas fechas predeterminadas.

  • Estrés crónico

Se produce cuando nuestro sistema simpático no se apaga nunca. Los síntomas característicos como el cansancio, la dificultad para asimilar la información, requieren un esfuerzo extra de la persona que a su vez intensifica estos síntomas, creándose un círculo vicioso. Este agotamiento afecta a la calidad de vida e incluso pueden aparecer alteraciones psicológicas y riesgo de adicciones.

En el caso del estrés crónico, concurren además factores condicionantes; esto hace que, aunque los factores desencadenantes hayan desaparecido, el estrés permanezca vivo. Este tipo de estrés puede ser especialmente peligroso, ya que se prolonga durante largos periodos deteriorando gravemente la vida de quienes lo padecen.

  • Eustrés o estrés positivo

Estrés de intensidad leve o moderada que nos mantiene activos, alertas e implicados en nuestro trabajo. Esto tiene un efecto claramente positivo, ya que nos hace más productivos y eficientes. Se trata, en definitiva, de esa “tensión emocional” o leve estrés emocional que sin ser abrumador nos estimula a redoblar nuestros esfuerzos y facilita el rendimiento.

Se trata de un fenómeno adaptativo y funcional que centra tu mente y tu energía, preparándote para la acción; por ejemplo, frente a una competición de baloncesto, cuando es tu deporte favorito, te divierte y te ves con posibilidades de ganar.

  • Estrés negativo o distrés

Sucede cuando anticipamos que algo terrible va a ocurrir y no nos sentimos suficientemente preparados para afrontarlo. Sin embargo, “negativo” no quiere decir que no nos ayude a afrontar las situaciones. Por ejemplo, si sientes este tipo de estrés ante un examen, puedes anticipar un suspenso o un fracaso al no sentirte preparado/a y te puede llevar a prepararte mejor. 

  • Estrés postraumático

Reacción patológica a eventos enormemente estresantes y traumáticos, que implica la aparición de síntomas intrusivos, conducta de evitación, la experiencia traumática revivida y síntomas de activación fisiológica.

Al trastorno de estrés postraumático le dedicamos un podcast completo. Aquí abajo te dejo el enlace para que lo escuches al completo.

Experimentar un tipo u otro de estrés va a depender de la percepción que tengamos sobre nuestros propios recursos, pero también del contexto situacional. (Hans Selye, 1991).

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Desencadenantes

Los desencadenantes son esos elementos que hacen que aparezca el estrés, cuando antes no existía. Causas que inician este proceso emocional, y que actúan como precipitantes.

Te dejo por aquí un listado de los más habituales y frecuentes: 

  • Estar sometido a una alta presión en el entorno laboral.
  • Cargar con una gran responsabilidad laboral o en las relaciones familiares por el cuidado de otras personas.
  • Problemas económicos.
  • Pérdida de empleo.
  • Problemas importantes de salud o diagnóstico de una enfermedad grave.
  • Rupturas sentimentales, separaciones, duelos y experiencias de pérdida de seres queridos. 
  • Multitarea, tener que sacar adelante más tareas de las razonables para una única persona.
  • Plazos de trabajo constantes y excesivamente limitados.
  • Oposición o exámenes.
  • Jornadas laborales excesivamente prolongadas, sin tiempo para descansar.
  • Dificultad para la conciliación familiar o para disponer de tiempo libre.
  • Relaciones conflictivas con los compañeros de trabajo.
  • Malas relaciones familiares.
  • Pensamientos desagradables. 

Consecuencias del estrés

Emocionales y psicológicas

  • Sensación de tristeza, pena o depresión.
  • Problemas para controlar y manejar las emociones, puede pasar a menudo con el enfado o la ira. Irascibilidad.
  • Inestabilidad emocional
  • Apatía, desilusión, desgana, falta de motivaciones.
  • Miedos generalizados.
  • Impaciencia y baja tolerancia a la frustración.
  • Dificultad para mantener la atención, problemas de concentración, olvidos frecuentes, problemas de memoria.

Conductuales

  • Aparición de adicciones a ciertas sustancias estimulantes como café, alcohol, tabaco, fármacos, drogas, etc.
  • Comportamiento más violento o agresivo de lo habitual.
  • Inhibición o aislamiento social.
  • Alteraciones en la conducta del sueño: insomnio o hipersomnia.
  • Alteraciones de los hábitos de alimentación.
  • Desarrollo de comportamientos de alto riesgo, como por ejemplo sexuales, conducción arriesgada, etc.

Fisiológicas

  • Problemas musculares: contracturas, dolores de cuello y espalda.
  • Dolores de cabeza, migrañas, jaquecas, cefaleas.
  • Problemas de estómago: gastritis, diarrea, estreñimiento, dolores de tripa, úlceras.
  • Náuseas o vómitos.
  • Sensación de agotamiento extremo, cansancio generalizado o falta de energía.
  • Pérdida o aumento significativos de peso.
  • Hipertensión arterial o taquicardias.
  • Exceso de sudoración.
  • Disminución del deseo sexual.

Solución

No podemos dar una fórmula mágica con la que garantizar que el estrés desaparecerá de manera inmediata, ni hay una única solución. 

Pero sí ciertas pautas que pueden ayudar a encontrarnos un poquito mejor. 

  • Aprender a poner límites y marcar distancias entre la vida personal y la vida laboral.
  • Trabajar en la gestión eficaz del tiempo, aprendiendo a diferenciar y distinguir lo importante, de lo urgente. 
  • Retomar actividades cotidianas de disfrute y que nos aporten emociones positivas.
  • Practicar Mindfulness.
  • Incorporar en el día a día técnicas de relajación.
  • Llevar a cabo actividades sociales y cuidar las relaciones sociales. 
  • Practica deporte de manera habitual.
  • Cuidar la alimentación, hacer  una dieta saludable, equilibrada y variada.
  • Dormir lo suficiente y no olvidar la importancia de la higiene del sueño. 

Eso sí, si notas y percibes que el estrés incapacita tu calidad de vida, lo más recomendable siempre es ponerse en manos de un buen profesional de la salud mental para empezar un proceso terapéutico individual y abordarlo junt@s.

Fuentes de datos:

  • Costa, Aguado y Cestona. El estrés y el arte de amargarnos la vida. Instituto de Salud Pública. Madrid Salud. Ayuntamiento de Madrid.
  • LAZARUS, RS (1982) Thoughts on the relations between emotion and cognition, American Psychologist, 37, 1019-1024.
  • Maset, J. (2017). VII Estudio CinfaSalud: “Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés”
  • Meichenbaum, D. (1985). Stress inoculation training. Headington Hill Hall (England): Pergamon Books Ltd.

Aroa Ruiz
Aroa Ruiz

Licenciada en Psicología, Máster en Coaching e Inteligencia Emocional e Instructora de Mindfulness. Psicóloga, Coach y Docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

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