trastorno conducta alimentaria

Trastornos de la conducta alimentaria

Sonia Castro Sonia Castro (Psicó[email protected])

25 septiembre, 2020

“También me como la cabeza en relación a mi madre y las tareas de casa. Quiero hacer todo: planchar, fregar, recoger la casa, colgar la ropa, cocinar…., pero no me deja; sólo fregar y planchar. Yo lo hago por dos razones; quemar calorías y para que mi madre no muera de agotamiento. Si con esto no me comiera la cabeza, yo estaría más gorda y mi madre habría reventado de cansancio.”

Qué es

Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades graves que están relacionados con la alimentación y que alteran e incapacitan de forma grave la salud física, emocional y la capacidad de desenvolverse en las áreas más importantes del día a día del paciente.

Por desgracia, estos trastornos alimenticios son cada vez más frecuentes y habituales en consulta.

Tipos    

Según el manual de criterios diagnóstico, DSM-V, podemos identificar estos tipos: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, pica, trastorno por atracón, trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos, trastorno de rumiación, los trastornos alimentarios o de la ingestión de alimentos especificado o no especificado. 

A continuación vamos a ver en detalle los tres más habituales en la población normal.

Anorexia Nerviosa

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por una pérdida significativa de peso resultante de la reducción excesiva y continuada de su ingesta alimentaria, debido a un deseo intenso de estar delgada/o.

Estos pacientes se sienten o perciben gordos, independientemente del peso que tengan, y se niegan a reconocer su delgadez incluso cuando es extrema, y es que evitan comer hasta tal extremo que comprometen gravemente su salud.

El inicio de la anorexia tiende a ocurrir después de una situación de cambio estresante, especialmente el inicio de la pubertad.

Los criterios diagnósticos para anorexia nerviosa incluyen la preocupación excesiva por el peso y la talla corporal, un miedo intenso a ganar peso y preocupaciones obsesivas con la comida y el comer.

Para mantener su peso en un rango tan bajo (igual o inferior a un IMC 17,5) este paciente restringe su alimentación, ayuna y realiza un ejercicio físico excesivo. Así mismo, a veces también se realizan conductas purgativas tales como vómitos autoinducidos, uso excesivo de laxantes y diuréticos o utilización de enemas.

Comer, hecho que temen en demasía, se trasforma en un conjunto de obsesiones y rituales: se corta la comida en trocitos muy pequeños; se pesan los alimentos; se seca la grasa con servilletas; se lavan los alimentos con agua; etc.

La báscula es otra de sus obsesiones: se pesan nada más levantarse y siempre que tienen la sensación de que han engordado.

Su actitud ante el espejo oscila de forma extrema: unas pacientes pasan gran parte de su tiempo chequeando su aspecto físico en el espejo o cualquier superficie refleja y otras tapan los espejos para no verse nunca.

Para seguir perdiendo peso y/o no percibir el malestar que les produce el control de la comida, los pacientes anoréxicos realizan una actividad frenética.

El ejercicio le da a la paciente una sensación de poder y control similar a la obtenida con la restricción alimentaria. De esta manera, el ejercicio físico se convierte en una adicción.

Sin embargo, su realidad interna se identifica con una falta de valoración y autoestima que les lleva a una autocrítica constante y al aislamiento social.

Bulimia Nerviosa

La bulimia nerviosa se caracteriza por la presencia de un ciclo atracón-purgación que se inicia con la ingesta de grandes cantidades de comida seguidas de su purgación con el fin de eliminar las calorías engullidas.

El paciente bulímico se siente inseguro sobre su propia valía personal por lo que depende, de forma exagerada, de la aprobación de los otros. Al intentar complacer a los demás, oculta sus verdaderos deseos y necesidades, y como consecuencia de ello, la comida se convierte en su única fuente de confort.

El comportamiento alimentario de estos pacientes se desarrolla de forma diferente a la de la persona anoréxica.

Aquí las comidas realizadas delante de otros, suele ser normal e incluso abundante, aunque algunos días ayune o realice una dieta muy restrictiva.

Los allegados tardan mucho tiempo en darse cuenta de que algo va mal ya que en reuniones y celebraciones las personas con bulimia, lo hacen de manera normal.

Quizás lo único que les puede parecer raro es su comportamiento posterior a la comida: desapariciones repentinas y frecuentes visitas al baño después de comer. La excusa de “cepillarse” los dientes, tener que ir a hacer “pis”, lavarse las manos, arreglarse el maquillaje o ducharse, son algunos de los argumentos más utilizados.

Los criterios diagnósticos para bulimia nerviosa incluyen atracones repetidos, acompañados de conductas purgativas (vómitos autoinducidos, uso de laxantes y/o diuréticos).

La mayoría de las pacientes que se meten en la espiral de las dietas, sucumben al hambre y desarrollan un trastorno bulímico. La mayoría de las pacientes bulímicas comienzan el trastorno después de una comida copiosa, al decidir eliminar este exceso vomitando.

De forma súbita descubren que han encontrado el método ideal para mantenerse delgadas sin sufrir. La purgación, como solución a su malestar físico o psíquico, comienza de forma leve y pronto se convierte en un círculo vicioso del que no se puede

Mientras dura el atracón, el nivel de conciencia de la paciente se reduce; come de forma paroxística, automática, sin pensamientos, rápidamente, sin intervalos. Come hasta que no se puede mover, hasta que siente dolor abdominal, le da el sueño o aparece alguien.

Esta forma de comer poco tiene que ver con el hambre física. Come por otras razones que, generalmente, no sabe discriminar ni ponerles palabras. Siente un impulso irrefrenable. Come porque siente un vacío insoportable; se aburre, tiene ira, está frustrada, se siente incapaz, sola, cansada, triste, insegura y elude los problemas que necesitan ser resueltos y que afloran cuando tiene un tiempo libre poco estructurado.

El atracón le calma y ocupa ese vacío; ese tiempo hueco. Quisiera salirse de esto y estar con gente, pero le da miedo que le descubran, que vean quién es ella en realidad. Se siente fracasada y poco a poco su vida se convierte en un caos.

Trastorno por atracón

El trastorno por atracón se define como el consumo repetido de grandes cantidades de comida en un período corto de tiempo, -no más de dos horas-, hasta que la persona se siente llena e incómoda y al que no le siguen conductas purgativas compensatorias.

Cuando la persona lo está comiendo siente que no puede ejercer ningún control sobre la ingesta. La ausencia de conductas compensatorias hace que las personas que lo padecen presenten un exceso de peso lo cual les hace sentirse muy desgraciados.

La comida se ingiere de forma compulsiva a cualquier hora del día y produce una gran vergüenza y sentimientos de culpa. Como en el caso de las pacientes bulímicas, el atracón ayuda a la persona a sobrellevar el estrés, calma el malestar emocional y permite eludir los problemas cotidianos.

Las personas que padecen un trastorno por atracón, a diferencia de los comedores excesivos, tratan de hacer numerosas dietas y viven su gordura de forma vergonzante.

En consecuencia, presentan una gran insatisfacción por su imagen corporal, sin llegar a distorsionar la percepción del peso o volumen de su cuerpo.

Es un trastorno muy frecuente en niños con obesidad, en pacientes que por algún tipo de enfermedad física han tenido que hacer dietas especiales (pacientes adolescentes con diabetes) o en algunos padres varones de pacientes anoréxicas o bulímicas, aunque su conducta nunca se haya percibido como "problemática".

El paciente con un trastorno por atracón suele presentar comorbilidad con trastornos del estado del ánimo, experimentando, a lo largo de su vida, numerosos episodios depresivos.

Dado que el trastorno por atracón tiene enormes similitudes con el trastorno bulímico, excepto por la inexistencia de conductas purgativas compensatorias, muchos de los aspectos del tratamiento de la bulimia nerviosa pueden beneficiar a las personas que lo sufren.

Causas

Existen varias razones por las que una persona puede desarrollar un trastorno alimentario.

  • Haber sido víctimas de abuso físico, emocional y/o sexual
  • Haber vivido en una familia en la que se negaba cualquier emoción negativa, discrepancia o conflictiva
  • Entornos familiares en los que hay abusos del alcohol y otras sustancias nada recomendables
  • Haber pasado una etapa en la infancia en la que fueron la/el “gordita/o” y recibir numerosas burlas de sus compañeros.
  • Problemas de autoestima.
  • Personas más introvertidas, sensitivas, obsesivas, aisladas o impulsivas y desarrollan la idea de que la pérdida de peso o la consecución de un cuerpo perfecto, les aliviará del malestar, los sentimientos de inseguridad y su disforia.
  • La mayoría de los pacientes presentan alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, síntomas obsesivo-compulsivos o trastornos de la personalidad.

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Síntomas

Las señales de alerta más comunes que pueden indicar la presencia de un trastorno de la alimentación incluyen las siguientes:

  • Sentimientos de vergüenza, culpa y rechazo hacia uno mismo.
  • Evitar realizar las comidas habituales y/o poner excusas para no comer con normalidad.
  • Llevar a cabo de manera constante dietas saludables, veganas o vegetarianas excesivamente rígidas y restrictivas.
  • Comer siempre diferente al resto, prepararse los alimentos, en lugar de comer lo que la familia come.
  • Evitación de situaciones sociales en las que esté incluida la comida.
  • Preocupación excesiva por el físico y por las calorías.
  • Hacer demasiado ejercicio físico con el fin de perder peso.
  • Cambios bruscos de peso en poco tiempo.
  • Comer a escondidas.
  • Problemas de pérdida de cabello, uñas debilitadas, piel seca, pérdida de esmalte dental.
  • Mareos o lipotimias frecuentes.
  • Habitual y constante sensación de frío.
  • Tener callosidades en los nudillos.
  • Beber agua continuamente.
  • Ir al baño durante las comidas.
  • Problemas menstruales.
  • Anemia.
  • Pérdida del deseo sexual.
  • Cocinar para otros miembros de la familia, sin apenas probar bocado
  • Estado de ánimo depresivo, irritabilidad, cambios bruscos de humor y alteraciones del ritmo del sueño, especialmente dificultades para conciliar el sueño y una tendencia exagerada a despertarse muy temprano.

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Tratamiento

Debido a la complejidad de la patología, el tratamiento de los trastornos alimenticios requiere un plan de acción integral que implique cuidados médicos, normalización nutricional e intervenciones psicológicas, psiquiátricas, de forma más o menos intensiva, dependiendo de la gravedad de cada paciente.

Especialmente eficaz es la terapia psicológica para trabajar la baja autoestima, las alteraciones de la imagen corporal, las dificultades interpersonales, la ansiedad, pensamientos irracionales y la prevención de recaídas.

Una vez que el paciente admite su problema y acepta recibir ayuda, la combinación de un tratamiento psicológico, nutricional y médico, puede producir unos resultados muy positivos.

Nuestros psicólogos expertos en problemas alimenticios te pueden ayudar a salir del túnel y poder ponerle fin a los desórdenes alimenticios que tanto malestar generan, pide aquí tu cita con nuestros psicólogos online.

Sonia Castro
Sonia Castro

Licenciada en Psicología por la UAM. Especialidad clínica y de la salud. Centrada en el campo de las relaciones personales. Compagino mi vida profesional con mi gran afición, la escritura, redactando para distintos blogs y con dos libros publicados. Actualmente orientadora/responsable de atención al alumno en el IEPP.

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